Un grupo de jóvenes scouts hizo cumbre en el cerro Tres Picos para dejar 200 mensajes salliquelenses, uno por cada año de la patria – Sus esfuerzos para cumplir la meta, el relato de la aventura y una empresa que los enorgullece.
A 1.239 metros sobre el nivel del mar, en el lugar más alto de la provincia de Buenos Aires, quedó una cajita que contiene 200 mensajes salliquelenses, uno por cada año de la patria. La llevaron hasta allí los Caminantes del Grupo Scout San José, en una empresa que no dudan ahora en calificar de exitosa: “Lo que hicimos fue muy importante, no sólo por haber podido llevar esa caja sino por haber logrado subir, cumplir el objetivo” dicen, reflexivos, una semana después.
El grupo de quince jóvenes conducido por Loreta Montenegro y Gerardo Muñoz, sus dirigentes, partió en la madrugada del sábado 20 de noviembre con destino al cerro Tres Picos pero la empresa se venía gestando desde hace varios meses.
Lo cuenta Gerardo: “Desde 2009 nosotros, los Caminantes, teníamos el proyecto del cerro. A principios de 2010, una mamá que siempre colabora con el grupo, Lili Martín, me planteó de hacer algo por el año del Bicentenario. Eso quedó ahí, pero empezamos a pensar cómo involucrar en el proyecto a todos los niños de Salliqueló y así surgió la idea de la caja y los mensajes y también la de una plancha inalterable que quedó allá arriba grabada con nuestros nombres. Así hicimos participar a todos los chicos de primaria de Salliqueló y Quenumá, más tres escuelas rurales con las que nosotros tenemos vínculos: Santa Anita, Leubucó y La Indiana. Eso nos daba, a cuatro trabajos por aula, alrededor de 190 mensajes. Los restantes los cubrimos con uno del intendente en nombre de todos los salliquelenses, un mensaje de Scouts de Argentina, una de Natty Petrosino y el resto de gente que tiene vínculos con la vida scout: nuestro jefe de grupo, la manada, los scouts. El objetivo, resumiendo, era llevar los 200 mensajes al punto más elevado de la provincia de Buenos Aires”.
La escalada
La planificación y los preparativos fueron muchos, pero apenas comenzó la experiencia, el sábado 20 a las 8 de la mañana, surgió el primer escollo: “Para empezar tuvimos que caminar desde la Estancia hasta la Base unos 6 kilómetros, un camino que pensábamos hacer en combi pero como había llovido no se pudo. Eso nos demoró una hora y media y tuvimos un desgaste físico muy grande” cuentan los chicos.
Las mochilas pesaban alrededor de quince kilos y esa caminata inicial no prevista les hizo cambiar la planificación sobre la marcha. Pero hasta allí el espíritu estaba alto y emprendieron la escalada: “A cada rato veíamos las cuevas, nos parecía que estaban cerca” se ríen ahora. “Esa primera parte era de 45 grados, de muchas piedras, muy difícil, y las cuevas no aparecían nunca”.
Recién a las cinco de la tarde lograron llegar a las cuevas, ya con la certeza de que ese día no harían cumbre como lo habían pensado inicialmente. Un guía los ayudó mostrándole una cueva no conocida turísticamente, donde pudieron pasar la noche los 17; no hubo necesidad de armar las carpas que trabajosamente cargaron en sus mochilas.
El sábado por la noche hubo ceremonias: renovación de promesas, entrega de insignias de adelanto: “Esa cueva que nos mostró el guía fue providencial, porque no había allí turistas y nos dio la intimidad necesaria para llevar adelante las ceremonias que teníamos previstas” remarca Gerardo.
En la madrugada del domingo llovió mucho pero los Caminantes pernoctaron sin inconvenientes en la cueva y el día amaneció soleado; temprano en la mañana, el grupo se puso en movimiento nuevamente y emprendió el camino hacia la cumbre.
El objetivo se cumplió después de tres horas: a las once de la mañana hicieron cumbre, el momento esperado: “Es curioso, pero no había nada de viento, algo muy raro ahí arriba y a esa hora” cuentan ahora y uno de los chicos lo define sin dudar: “Fue el momento perfecto”.
Cuentan ahora que hubo momentos donde alguno flaqueó y hubo que ayudarlo, otros sufrieron alguna caída, no faltó quien pensara ¿qué hago yo acá? Pero el espíritu scout pudo más, el compañerismo surgió espontáneamente para aliviar una mochila demasiado cargada y ahora la satisfacción de haber cumplido la meta se les nota a todos.
La canción que no termina nunca
Hay una canción que los Caminantes vienen escribiendo desde hace largo tiempo. Con cada empresa realizada, escriben una parte. A veces sólo alcanza para una mención, una línea; en otras ocasiones agregan una estrofa entera.
Esa canción podría pensarse como una metáfora, pero es real y tal vez, a esta altura, su letra es demasiado larga, lo cual es malo desde el punto de vista artístico pero satisfactorio si la mirada se pone en la cantidad de objetivos y metas cumplidas.
En el pizarrón del refugio de los Caminantes, está escrito el fragmento que le corresponde al cerro Tres Picos. También hay una frase: “Sin esfuerzo, no hay metas”, que fue el lema de la escalada última.
La canción no se termina; algunos intérpretes y compositores van cumpliendo su paso por el grupo y otros van llegando: “Para el equipo Margarita Barrientos era la última caminata que íbamos a hacer juntos. Para ellos la última, para algunos chicos era la primera, porque esto es una continuidad. Esta escalada tenía un significado muy importante, en abril ya fijamos la fecha para cerrar el año, despedíamos a las chicas que se van, aunque volverán como viejas Caminantes cuando quieran” redondea Gerardo mientras los chicos piensan nuevas empresas para seguir sumando estrofas a la larga canción caminante.
Los que hicieron cumbre
Equipo Margarita Barrientos: Yanina Sánchez, Julieta de Peroy, Paloma Cabrera, Sasha Matteucci, Laura Bessone.
Equipo Juan Carr: Juan Mancini, Iván Gutiérrez, Gastón Morales, Pedro Molina, Bautista Varillas, Lisandro Stornini, Emiliano Fedorascecech.
Además, se sumaron viejas Caminantes: Marina Leithold, Gina Speciale y Valeria Sánchez.
Dirigentes: Loreta Montenegro y Gerardo Muñoz.







